lunes, 7 de abril de 2014

Memorias de una niña refugiada. Segunda parte

"Fue una de las peores noches de mi vida, de verdad que no se la deseo a nadie. Jamás vi la muerte tan cerca de mí"

Agosto, 2005. Campamento saharaui de Auserd, provincia de Tinduf (Argelia). 
- ¡No puedo respirar! mami, haz algo, por favor... ay, ay¡ ayyy!- gritaba entre llantos la hermana pequeña de Afaf.
Para entonces la pequeña de las niñas tenía 5 escasos años y no comprendía bien lo que estaba sucediendo. Nuestra protagonista tampoco pero con 12 años ya se sentía lo suficientemente mayor para llorar en silencio y ayudar a su madre en el intento de desnudar a su hermanita. 
"Realmente fue una noche horrorosa, sentía cómo el oxígeno empezaba a escaquear y por más que abría la boca me costaba respirar. Me estaba asfixiando" me cuenta Afaf con un hilo de voz.
Sé que no le gusta recordar aquel día, no fue una experiencia agradable para ella pero hoy trataré de reflejar aquel pasaje de su vida tal y cómo lo vivió, aunque me temo que para entenderlo realmente habría que vivirlo y creedme, no os lo recomiendo. 

Era la primera vez desde su marcha, hacía ya 4 años, que Afaf volvía  a los campamentos. Estaba ansiosa por ver a su familia y por pisar de nuevo el desierto, aquel en donde nació y pasó sus primeros años de vida. Los primeros días notó todo muy cambiado porque los recuerdos del estilo de vida que tenía de los campamentos no concordaba con la forma de vida que estaba viendo en aquel momento. En 4 años hubo una gran evolución: las televisiones en blanco y negro empezaban a sustituirse por pequeñas televisiones en color, el antiguo mercado en donde sólo había tres tiendas se había convertido en una zona llena de pequeños comercios y...¡vendían algunas frutas y yogures! Afaf no se lo podía creer. Además, le comentaron que ya no tenían que viajar hasta la ciudad de Tinduf para llamar por teléfono. Ahora, durante gran parte del día se podía obtener cobertura en los campamentos, por lo tanto, sólo había que caminar casi una hora para ir a las instalaciones telefónicas y llamar a los seres queridos que están en el extranjero. Eso sí, en numerosas ocasiones la cobertura fallaba y la caminata que hacían unos y otros era en vano, pero nadie se quejaba por eso, era todo un lujo para los nobles habitantes de "la hammada" el acceder al teléfono una vez al mes ¡y encima sin tener que ir a la ciudad!. 

En aquellos 27 días en los que esta adolescente estuvo en el continente africano, visitó el campamento del Aaiún, de Smara y de Auserd para ver a sus familiares y justamente en Auserd es donde ocurrió el trágico suceso, suceso que como ya he mencionado, sólo será contado una vez, como excepción para denunciar una vez más las condiciones infrahumanas en las que viven los refugiados saharauis, echados de su país en 1975.

Después de tomarse los tres tés y tras una buena charla en familia, llegó la hora de dormir. 
No sé qué hora sería exactamente, lo único que tengo claro es que Afaf se despertó por falta de oxígeno, por agobio, por sensación de asfixia. Al abrir los ojos se dio cuenta de que no era la única que estaba despierta, todo el vecindario lo estaba. 
Su tía había dado a luz hacía apenas una semana y por desgracia, no había agua, "las Cubas" habían tardado en venir y todo Auserd estaba en crisis. Sólo quedaba un litro y medio en casa. 
"Mi primito empezó a llorar y por más que mi tía le daba el pecho, éste lo rechazaba. Mi madre trajo la poca agua que quedaba y entre las mujeres le empezaron a bañar, pero no tuvo resultado, seguía llorando. Para colmo mi hermana gritaba sin parar y yo no sabía qué hacer; intentaba tranquilizarla mientras me bajaba los pantalones hasta los muslos y me subía la camiseta hasta la mitad del abdomen, porque la ropa realmente agobiaba y nos daba a todos más sensación de asfixia. Mis intentos fracasaron y pronto me cansé, no tenía fuerzas. Quería ayudar pero me quedaba sin aire, me notaba frágil y apunto de desmayarme. Fue una sensación horrible.  Nadie podía respirar, nos ahogábamos en un mar de arena y no teníamos a donde ir, no había escapatoria. Fue una sensación horrible, horrible"- Me repetía Afaf años después.

No debe de ser fácil ver y escuchar cómo sufren tus seres queridos delante de ti, oírles rezar sin fuerzas creyendo que ése sería el último día de sus vidas. Sé que fue muy duro, por eso mismo voy a dejar el relato aquí, porque hay ciertas cosas que es mejor no revivirlas demasiado. 

No sé si mi mensaje habrá llegado ni estoy segura de que haya sensibilizado vuestros corazones, lo que sí os garantizo es que he puesto todo mi empeño en poder transmitir el sufrimiento de todo un pueblo, que lleva refugiado y exiliado en una tierra muerta desde hace casi 40 años. 
Quizás no lo he podido relatar de la manera más apropiada pero Afaf no me ha querido contar nada más. Dice que no se imaginaba narrándolo pero de alguna forma quería difundir la causa del pueblo saharaui y de eso se trata este blog, de hablar de la situación de los saharauis mediante pequeños recuerdos extraídos de algún lugar de la memoria de Afaf.

Y para finalizar, sólo quería expresar mi deseo de que esta publicación no se haya escrito en vano. Ojalá os llegue realmente. Y ojalá también que este verano sea menos duro y más soportable para todos aquellos saharauis valientes que están resistiendo, día tras días y año tras año en el peor desierto de los desiertos. ¡Sáhara libre!


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