domingo, 31 de marzo de 2013

Palabras de una ex-refugiada,deseos de una exiliada. TERCERA PARTE


Lo primero que a Afaf le sorprendió de Euskal Herria fue el paisaje. Ella estaba acostumbrada a la imagen del desierto, un lugar inhóspito, sin vegetación  pero a la vez mágico y cálido. Y más tarde, se habituó a la meseta castellana, en Burgos,  una zona llana,  muy fría en invierno y calurosa en verano. No se imaginaba en absoluto vivir en un sitio repleto de montes y de vegetación.
El primer día que la niña pisó los territorios vascos pensó que jamás había visto una zona tan verde. Mirara a donde mirara, Afaf sólo veía árboles;  le parecían infinitos, igual que la arena en el desierto.

Años después, cuando la joven viajaba a los campamentos de refugiados saharauis, y su familia y amigos le decían que les describiera Euskal Herria, ella utilizaba un solo adjetivo  “ verde”, recuerdo que les contestaba con una sonrisa.
Para los saharauis, el verde es un símbolo positivo,  el color de la esperanza, la esperanza que les alimenta día a día para seguir luchando por su libertad. Por eso mismo a Afaf le gustaba tanto el paisaje vasco, porque le transmitía esperanza. “El verde es el color de la vida”me solía decir. Igual os parece todo esto demasiado cursi,queridos lectores,  pero yo sólo narro lo que ella me cuenta y plasmo sus palabras en papel. De todas formas, no me sorprende el hecho de  que Afaf  diga palabras tan “ñoñas” cuando se refiere a Euskal Herria ya que en numerosas ocasiones me ha dicho lo siguiente: “los vascos han demostrado mucho a mi pueblo, siempre han sido muy solidarios con nostros. Y todo aquel que apoye al pueblo saharaui se gana mi respeto y mi cariño”.

Aún recuerdo como si fuera ayer la época en la que los saharauis montaron un campamento, a las afueras de la ciudad del Aaiún ocupado, para reivindicar sus derechos. En el mes en el que duró la protesta unos 20.000 saharauis asentaron sus jaimas (tiendas de campaña) para formar el campamento de Gdeim Izik o como otros lo llaman, el campamento de la dignidad. A medida que transcurrían los días, Afaf se iba poniendo más nerviosa porque sabía que Marruecos no iba a tardar en reaccionar y que su respuesta ante la manifestación pacífica saharaui no iba a ser nada positiva. Y efectivamente, en la madrugada del día 8 de noviembre de 2010 militares marroquís intervinieron en el campamento de Gdeim Izik con gas lacrimógeno, cañones de agua  hirviendo y porras. No hace falta decir que el ejército marroquí arrasó con todo aquel que podía, sin importarle los niños, ancianos o mujeres embarazadas. Muchos fueron encarcelados, otros desaparecidos, torturados, violados o asesinados. Y los que pudieron, se escaparon para refugiarse en el desierto. 
Cuando sucedió toda esta tragedia a Afaf le resultaba imposible coinciliar el sueño, no hacía otra cosa que llorar  por la suerte que habían sufrido sus hermanos saharauis y pensar en el futuro: “¿qué pasará ahora con nosotros? ¿Iniciaremos  una nueva guerra  con Marruecos? ¿Y si en la guerra se muere mi padre, mis tíos, mis primos…?¿Cómo estará mi familia de los territorios ocupados? ¿Qué les habrá pasado a los miles de saharauis que participaron en el campamento de Gdeim Izik?”. Estas y otras muchas preguntas eran las que a la joven no le dejaban dormir.
La verdad es que la etapa del desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik fue un periodo muy duro para Afaf y para todos lo saharauis en general. La chica no podía reprimir las lágrimas en casa, en la calle e incluso en clase. Temía por la vida de su familia y de sus paisanos en los territorios ocupados del Sáhara Occidental.
En aquellos días oscuros hubo una luz que hizo que esta adolescente no se derrumbara por completo y queridos lectores, esa luz fue la solidaridad, el cariño y el apoyo que Afaf recibió por parte de sus compañeros, profesores y amigos . Tal fue el apoyo, que los profesores le dieron la oportunidad de dar una charla en el instituto sobre el conflicto del Sáhara y la eligieron para llevar el Lekuko en el kilómetro que compró el Instituto en la Korrika del 2011. Fue todo un honor para Afaf poder correr con el Lekuko, en una mano, y la Ikurrina y la bandera del Sáhara ,en la otra, en una carrera tan especial como lo es la Korrika.  Pero aquí no acaba la solidaridad vasca. En los días posteriores al desmantelamiento del campamento de la dignidad o de Gdeim Izik,  se realizaron varios eventos para denunciar el genocidio por parte de Marruecos a la población civil saharaui y en dichas manifestaciones y concentraciones también participaron amigos y compañeros de clase de esta saharaui. No sabéis lo agradecida que se sintió. No se puede expresar en palabras, hay que vivirlo para poder entenderlo. Y, sinceramente,  creo que Afaf jamás olvidará el apoyo recibido durante esos días, esos días en los que los miles de vascos que colaboraron en las protestas pro-saharauis  le enseñaron el verdadero significado de la palabra solidaridad o elkartasuna (en euskera). Le demostraron que no estaba sola, que su pueblo no había caído en el olvido, que aún existían personas que les apoyaban y defendían su lucha.
Pero Afaf no sólo sintió la solidaridad vasca en el instituto, sino que también en la Universidad. Hace un año escaso, Afaf dio otra charla sobre el conflicto de su país y a dicho acontecimiento asistieron sus compañeros  de carrera y gente que ni siquiera conocía. El cariño y el apoyo que le demostraron acudiendo a su charla fue tan grande que tampoco lo puedo expresar en palabras. Siento no poder reflejar como es debido las emociones de esta ex-refugiada pero hay ciertos sentimientos que son tan grandes que creo que ni el mejor escritor o poeta sería capaz de exteriorizarlos.
Y por último, hace unos meses, uno de los amigos de carrera de la chica la acompañó a la concentración del segundo aniversario del desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik  y en protesta contra los juicios militares en el Sáhara Occidental. Era la primera vez que alguien de la Universidad iba con Afaf a algún evento pro-saharaui y ese detalle también tocó una de las fibras más sensibles de la joven.
 Desde aquí, doy gracias a todas las personas que han asistido o asistirán a manifestaciones a favor del pueblo saharaui; también agradezco de todo corazón a todos aquellos que aportan su granito de arena a la causa ya sea informándose, difundiendo el tema o acogiendo a algún niño en verano. A todos vosotros, miles de millones de gracias. Espero que algún día os topéis con este blog y que os déis por aludidos. Mi publicación de hoy va en vuestro honor, en honor a todos aquellos vascos solidarios a los que les tengo tanto cariño.

Quizá algunos de los lectores penséis que hay más sitios  aparte de Euskal Herria que también apoyan la lucha del pueblo saharaui, pero señores,  la casualidad, el azar o el destino ha puesto a los vascos en el camino de Afaf, o tal vez a Afaf en el camino de los vascos. El cariño que tanto siente es hacia ellos.

Finalmente, sólo añadir que he decidido publicar esta entrada en estas fechas porque hoy es un día muy especial para todos los vascos, hoy es el Aberri Eguna. Así que desde aquí les felicito a todos ellos y les doy las gracias de nuevo por su cariño, por su apoyo y su solidaridad. Nadie sabe qué es lo que nos depara el futuro a cada uno,  pero yo os prometo que si alguna vez  me tengo que ir de aquí,  estoy segura de que no tardaría en volver; volvería a Euskal Herria, al País Vasco, al País de la esperanza. ¿FIN?

domingo, 17 de marzo de 2013

Palabras de una ex-refugiada,deseos de una exiliada. SEGUNDA PARTE




A los 8 años, gracias al proyecto solidario “Vacaciones en Paz”, Afaf viajó junto con miles de niños saharauis a Europa, donde pasaría el verano con una familia occidental. La niña estaba entusiasmada con conocer ese continente porque había oído a los niños mayores que ella (que ya habían disfrutado del verano fuera de lo campamentos de refugiados) hablar sobre los aviones, la piscina, los muchos caramelos que comían, los helados y otras muchas palabras que para ella aún eran desconocidas.

Aún recuerdo el día en el que la niña tuvo que marcharse, me acuerdo de que sus tías la ducharon bien, le pusieron su mejor vestido y le hicieron un moño elegante; todo con el objetivo de que la chica impresionara a su nueva familia adoptiva, para darles buena imagen. Y vaya que lo hizo, todavía recuerdo las palabras de los occidentales cuando la vieron bajar del avión “qué guapa es esta chiquilla”, “parece una princesita”, “qué mona es”. Sus tías lo hicieron bien, buen trabajo. Pero eso no viene a cuento, a ella lo que todavía la emociona es recordar las lágrimas que derramó su abuela en el aeropuerto de Tinduf, cuando los argelinos cerraron las verjas del aeropuerto y los niños se quedaron aislados de sus familias esperando subir al avión. Afaf metió la mano entre los barrotes y agarró la de su abuela; la niña ya no se quería ir, empezó a asustarse y comenzó a llorar también. Su abuela, que es una mujer valiente y luchadora (sinceramente, jamás he visto a nadie igual, es una persona admirable), la empezó a tranquilizar y a besar la mano. Qué duro es despedirse de los seres queridos, ¿verdad? Pues es más duro todavía cuando uno es un niño, un crío.

Después de bajarse del avión, a Afaf todo le pareció increíble: los asientos, los cinturones de seguridad (que no sabía ni que existían), las luces de las calles, las aceras, los pisos, los ascensores, las escaleras (que por cierto, no sabía bajarlas y le parecía muy divertido aprender a hacerlo), la comida,el baño, el váter,las duchas,  la televisión en color y con mando a distancia, la piscina y sobretodo, ¡el mar! “¿así de grande será el mar de mi Sáhara?”- se preguntaba la niña. “Ojalá mi abuela estuviera aquí”- pensaba. Y una de las cosas que más le sorprendió a la niña eran los grifos ¡qué divertido era tener todo el agua que ella deseara! Sólo tenía que abrir y cerrar. Nada tenía que ver con su vida de refugiada. En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, Afaf tenía que ir con su familia a una zona determinada a llenar los baldes de agua, para que pudieran beber, cocinar y asearse. Era un trabajo muy duro y cansino; por eso, su abuelo construyó un pozo cerca de la jaima (tienda de campaña), para ahorrarse a él y a su familia la tarea de desplazarse tan lejos en busca de agua. Además, en la casa de los occidentales había lavadoras y Afaf ya no tenía que lavar su ropa a mano ¡cuánta comodidad de repente! No se lo podía creer. Es más, la sed o el calor ya no le preocupaban: cada vez que tenía sed se llenaba un vaso de agua fría (lo podía hacer las veces que ella quería porque el agua nunca se acababa “¡qué maravilla!”-pensaba) y como iba todos los días a la playa o a la piscina nunca tenía calor. De todas formas, para ella las temperaturas en Alicante no eran altas, ella estaba acostumbrada a los 55ºC bajo la sombra, 30ºC no eran nada comparados con el clima en los campamentos de refugiados. Podría contar infinidad de experiencias y sensaciones pero no quiero aburrir a los lectores, que creo bastante tienen ya con haber llegado hasta aquí. Sólo añadir antes de acabar con este párrafo, que agradezco a todas aquellas familias que acogen o que han acogido a niños saharauis en verano, les cambian la vida de una forma impresionante. Y yo desde aquí, agradezco de todo corazón la acogida y el cariño que recibí de mi familia de Alicante. Gracias, en nombre de todos los niños saharauis.

Cuando acabó el verano, Afaf fue una excepción y en vez de volver a los campamentos de refugiados como los demás niños, se quedó a vivir con sus padres biológicos en un pueblo de Burgos. Ahí fue cuando verdaderamente la vida de esta ex-refugiada  empezó a cambiar. Tuvo que adaptarse a un estilo de vida totalmente diferente al suyo: colegio nuevo, amigos nuevos, idioma y letras nuevos, profesores nuevos…Nada era igual. Afaf recuerda que una de las cosas que más le desconcertaba era que sus compañeros de clase le preguntaran de donde era y ella responderles: “del Sáhara Occidental” y a continuación cuando le decían que les contara cómo era su país, ella les respondía:” no lo sé, nunca he estado” y los niños añadir: “¿entonces dónde has estado?” Y ella a continuación: “en campos de refugiados, en Argelia”. Los niños: “¿Pero tú no decías que eras del Sáhara?” Y la niña: “Sí, pero Marruecos ocupó mi país”. Los niños: “¿Por qué?” “ No lo sé” –respondía Afaf con los hombros encogidos.
Realmente la niña no comprendía porqué su país estaba ocupado, porqué no conocía a la mitad de su familia, porqué había nacido en un campo de refugiados y no en el Sáhara, que era lo normal y lógico. Afaf no entendía porqué no era igual que sus amigos occidentales, ninguno de ellos había nacido refugiado, ni separado de su familia ¡y todos desconocían el estilo de vida que ella había tenido! A la niña todo le parecía muy complicado, no entendía porqué había tantas diferencias entre ella y sus nuevos amigos.

Pasaron tres años y Afaf tomó un nuevo rumbo, iba a cambiar de casa, de amigos y de lugar. Tenía miedo y estaba algo nerviosa, porque no sabía como iba a ser su acogida en este nuevo sitio, pero se consolaba pensando que ya lo había hecho otras veces, que sus antepasados habían sido nómadas y que el nuevo sitio no podía ser tan horrible. Lo que Afaf no sabía es que en su nuevo hogar, Euskal Herria,se iba a sentir tan identificada, comprendida y apoyada que se convertiría en su segundo Sáhara, tanto, que incluso cuando viajaba a los campamentos de refugiados lo echaba de menos, añoraba esa tierra y a su gente. Pero esa es otra historia ¿no creéis?. CONTINUARÁ. 

martes, 17 de julio de 2012

Palabras de una ex-refugiada,deseos de una exiliada. PRIMERA PARTE


 A menudo recuerdo mi infancia y me asombro del giro que ha dado mi vida. ¿ Quién me diría a mi hace 12 años, aún siendo una niñita inocente, que acabaría viviendo en otro país? Un país totalmente diferente, situado en otro continente diferente, con un idioma y letras diferentes, rodeada de gente y costumbres tan diferentes a las mías…
Hace más de una década para Afaf era normal vivir en un campo de refugiados. Ella, como otros miles niños saharauis, había nacido refugiada, sin agua, sin luz y sin las necesidades básicas par aun ser humano; pero como era lo único que conocía no le parecía nada extraño.
Su vida no tenía nada que ver con  la de sus futuros amigos occidentales y seguramente ellos nunca se habrían imaginado que algún día conocerían a una saharaui, que les contaría que Marruecos había invadido su país y que debido a eso ella había nacido en una tienda de campaña (en medio de uno de los peores desiertos del mundo) y que como no tenía juguetes, ella y los demás niños saharauis buscaban huesos de cabras muertas para hacer muñecas. Los amigos occidentales de Afaf tampoco sabían que de pequeña hacía coches con latas de atún, que les llegaban de la ayuda humanitaria, y televisiones con cajas de cartón.
Afaf había escuchado incontables historias acerca de su Sáhara pero no entendía porqué Marruecos era “malo” y no dejaba a su pueblo ser libre. Deseaba con todas sus fuerzas poder abrazar a la familia que nunca conoció y de la que, sin embargo, había oído hablar tanto. Soñaba, y sueña, con poder derrumbar el peligroso muro que atraviesa su país, con exterminarr las millones de minas que lo rodean y con hacer desaparecer a los miles de soldadods que lo vigilan.
De pequeña le decían que en el Sáhara había mar y que cuando fueran libres iba  a poder meterse al agua cada vez que hiciera calor. Afaf no sabía lo que era el mar pero se imaginaba un terreno igual de grande que su tienda de campaña o su habitación de adobe pero lleno de agua. Para ella eso era más que increíble, no se imaginaba tanta agua junta.
Sus mayores también le contaban que en el Sáhara había ríos, palmeras, muchos peces nadando en el mar (lo más parecido a un pez que la niña había visto eran sardinas enlatadas procedentes de las caravanas solidarias) y pozos llenos de agua.
Durante los 8 años que Afaf estuvo en aquellos campos de refugiados fue construyendo un mundo de fantasía en el que todos los saharauis no volverían a pasar sed durante la dura época del verano en el desierto argelino, ya que ella confíaba plenamente en que añgún día serían libres y que podrían disfrutar de todas las maravillas que existían en su tierra.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿LAS ROSAS FLORECEN EN EL DESIERTO?

Aquí os dejo un poema que escribí cuando tenía 16 años.
Todavía recuerdo la noche en la que lo escribí...Me había pasado la tarde-noche leyendo noticias, viendo fotos y vídeos de las torturas que recibían mis hermanos saharauis de los Territorios Ocupados del Sáhara Occidental. Además de eso, me acordé de mi infancia y en las condiciones en las que vivía en los campamentos de refugiados saharauis situados en Tinduf (Argelia). Leí tantas veces que Marruecos seguía incumpliendo las cientos de resoluciones internacionales, que los saharauis estábamos en nuestro legítimo derecho de ser libres, que no habíamos incumplido nada ilegal, que nuestra lucha siempre ha sido pacífica y que aún así...el mundo nos tenía en el olvido. Sentí tanta rabia y tanta impotencia que aunque sabía que llorando no iba a conseguir nada, no me pude contener y finalmente pasó lo inevitable.
Espero poder transimitiros todo lo que sentí aquella noche: amor, nostalgia, tristeza, rabia, impotencia, olvido, esperanza, ganas de luchar...

"Yo he visto rosas en el desierto,
rosas atrapadas en un lugar muerto,
rosas heridas,
rosas acaloradas,
rosas maltratadas.
He visto rosas refugiadas
y otras muchas encarceladas.
Encarceladas por decir la verdad,
maltratadas por gente sin piedad.
Rosas divididas por un muro de espinas,
rodeado por tanques asesinos
y miles de minas sedientas.
Un muro vigilado por miles de soldados,
soldados genocidas,
gobernados por gente sin escrúpulos,
gente hipócrita y materialista,
gobernadores terroristas,
que por conseguir poder son capaces de matar
a civiles desprotegidos
y lanzarles bombas asesinas.
Bombas ilegales que escupen sangre robada,
sangre inocente.
Pero las rosas siguen creciendo en el desierto
llenas de esperanza,
luchando día a día
esperando que alguien las escuche,
esperando que el GRAN DIA llegue:
EL DIA DE LA LIBERTAD."

lunes, 26 de septiembre de 2011

LA CÁRCEL DEL CIELO

Aquí os dejo un poema que escribí a principios del año 2011, cuando ocurrió una de las desgraciadas más recientes del pueblo saharaui  y el movimiento que comenzaría las revoluciones árabes:la creación y el desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik


En lo más inhóspito del desierto,
hay un pueblo sediento
que pide a los cuatro vientos
Ayuda sin más miramientos
En un lugar de la Hamada
hay un pájaro que añora la tierra amada
y que pide sin cesar
ayuda para poder volar.
En un lugar del cielo
hay un muro de hielo
que divide con ambición
a familias sin compasión.
En las placas heladas
hay miles de palomas atrapadas
por el más duro invierno
que se ha convertido en un temido infierno.
Los pájaros son asesinados
por cazadores malintencionados,
que utilizan políticas terroristas
ayudadas por aliados materialistas,
que superponen los derechos humanos
frente a supuestos intereses de los ciudadanos.
Después de leer este poema
me gustaría que te quedaras con el siguiente lema:
“si escuchas al viento,
oirás un llamamiento
de un pueblo herido
que teme caer en el olvido”.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Fue un sueño...

Lo toqué con ternura
acariciando cada rincón con dulzura,
lo besé a más no poder
como si temiera volverlo a perder;
me tumbé en su piel morena
y le sonreí a la luna llena.
Observé su frescura
y la grandeza de su verdura.
Lloré en sus mares
para alejarme de todos los males.
Borramos el exilio
y los duros años que pasamos pidiendo auxilio.
Alzamos con fuerza nuestra bandera
dándole la bienvenida a la nueva era.
Cantamos a la nación
riéndonos de la ya muerta represión.
Homenajeamos a los héroes que sufrieron la tortura
por haber mantenido nuestra cultura.
Demostramos al mundo lo justa que es nuestra causa
y por fin pudimos gritar sin ninguna pausa:
¡Marruecos escucha,
la RASD ha ganado la lucha!




Fue un sueño, sí, pero uno de esos que siempre se repiten; por lo tanto, yo creo que pronto se hará realidad.
Ojalá pueda ver mi país, pisar su arena, nadar en sus aguas y tumbarme al lado de alguna palmera. Ojalá lo vea pronto en libertad y pueda abrazar a la familia que nunca conocí. Ojalá pueda pasearme por las calles del Aaiún sin temor a ser condenada por ser saharaui; ojalá venza pronto la justicia. Ojalá acabe pronto esta pesadilla: estos años de olvido en el peor desierto de los desiertos (la "hammada" argelina) y el infierno que viven los saharauis en los Territorios Ocupados del Sáhara Occidental.
Fue un sueño, sí, pero ojalá se cumpla. Ojalá, ojalá, ojalá...

jueves, 25 de agosto de 2011

"ayuda, auxilio, socorro"

Hoy es mi tercer día en los campamentos de refugiados saharauis y lo primero que os puedo decir es que la vida aquí no es difícil (difícil es decir poco), sino casi imposible.
Casi imposible porque es muy duro aguantar temperaturas de más de 45º a diario, con una mínima cantidad de agua, sin aire acondicionado y teniendo neveras que apenas enfrían la poca agua que hay.
Vivir en los campamentos es casi imposible debido al clima (muy frío en invierno, exageradamente caliente en verano, sin precipitaciones en todo el año y con abundantes sirocos o tormentas de arena) y a las condiciones de vida: a causa de la fuerza de los rayos del sol, hay que levantarse aproximadamente a las 06:30 de la mañana para recoger las sábanas, las almohadas, preparar el desayuno y llevar baldes pesados y llenos de agua (si es que la hay) para meterlos en el baño (hay que recordar que no hay grifos), en la cocina...
Después, empieza la limpieza de la jaima (tienda de campaña), de la cocina, del baño y de la habitación de adobe. Pero, desgraciadamente el siroco acaba  con todo ese trabajo y grandes cantidades de arena vuelven a colarse en los ya mencionados recintos. Esto quiere decir que es esencial repetir la tarea mínimo tres veces al día, si no las alfombras, los platos y demás utensilios se llenan de arena.Además, hay que dar de comer a las cabras;para ello, es necesario cargar con pesados baldes en los que se lleva la comida de dichos animales: generalmente sobras, agua, harina y cartón.
Se debe recordar que todas estas tareas se hacen bajo temperaturas infernales.Por otra parte, no hay que olvidarse de hacer la comida (mayormente pan casero y alimentos procedentes de la ayuda humanitaria: legumbres, arroz...)Para continuar, debo añadir que al cocinar, la cocina se calienta más de lo debido y en ocasiones, ese calor mezquino produce mareos a los habitantes de la "hammada". De echo, a mí ya me ha pasado más de una vez en los tres días que llevo aquí; aunque también puede ser porque ya no estoy acostumbrada a la vida de un refugiado.
Asimismo, es aconsejable terminar las tareas anteriormente expuestas antes de las 11:00 del mediodía porque a partir de entonces, todo movimiento es muy peligroso para la salud de los saharauis. Es más, salir a la calle después de la 13:00 es IMPOSIBLE: el sol calienta furioso todo el desierto, lo que puede causar mareos, producir cáncer o el sangrado por vía nasal.


Los refugiados saharauis aprovechan las horas en las que no se puede salir a la calle para echarse la siesta, algo más que necesario para reponer fuerzas y descansar después de un largo y cargado día. En estos momentos toda la familia se haya tumbada en la casa de adobe.Yo, en cambio, no puedo dormir: me duele ver la realidad que el mundo no ve, me da rabia que los saharauis tengan que vivir así, me llenan de impotencia los 35 años que llevamos exiliados, refugiados en esta tierra muerta. Me da miedo el no saber cuántos años seguiremos aquí o cuánto podrá aguantar mi pueblo.Me llena de odio comprobar que Marruecos ha conseguido reducir la ayuda humanitaria que llega a estos nobles campamentos. 
Me gustaría gritar a los cuatro vientos y llevar mensajes sinceros a los siete mares en los que aparezcan palabras como "ayuda, auxilio, socorro" o simplemente " no nos dejéis caer en el olvido".




La tarde-noche es el momento del día que más me gusta de la vida de este desierto porque además de la notable mejora de las tas temperaturas, es el periodo perfecto para quedar con los amigos o charlar                 
con la familia.
Me gustaría poder transmitir el sufrimiento que viven los saharauis desde "la Marcha Verde" de 1975. Espero haber conseguido sensibilizar parte del corazón de todo aquel que lea este blog, aunque no estoy muy segura de haberlo logrado. En mi opinión, el primer paso para ayudar a esta justa y noble causa es ver, conocer y visitar estos campos de refugiados. Por mi parte, debo decir que seguiré aportando mi granito de arena participando en las manifestaciones, informando y escribiendo sobre estas "rosas del desierto". Tengo claro que no voy a olvidarme de mi realidad, la realidad del pueblo saharaui.
                                                                                                                                                               27/06/2011